Años
llevaban casados y cierto día en que el frío hacia retorcerse, se dieron cuenta
que ya no era lo mismo, ya la sensación placentera de estar juntos estaba desapareciendo.
Preocupado
Alan acudió a su amigo Cristian, explicó con detalle lo que pasaba y estaba
empeñado a encontrar la solución al dilema que lo aquejaba, Cristian miró
fijamente a su amigo con una sonrisa algo sospechosa, tenía una idea, la condición
era mantenerla en secreto.
Pasaron los
días y llegó el momento de concretar su maravillosa idea, llevaba tiempo
descubrir el fallo en una relación, los dos se sentaron en el comedor junto a
sus esposas y empezaron a salir palabras de sus bocas, palabras extrañadas,
colores de voz que hace tiempo no se escuchaban, contaban como se sentían, lo
que pensaban, lo que querían sin parar, a la par ellos las escuchaban a ellas,
estuvieron así por meses, sin hacer ninguna otra cosa más, muriendo de la risa,
de los llantos, de los gritos.
Al pasar
más tiempo los cuatro se dieron cuenta que no había ningún fallo, que no había
problema alguno, que todo estaba bien, porque de todo lo que hablaron solo les
recordaba lo felices que eran, solamente les hicieron una invitación…hacer
“esto” siempre.
Ellas solo
querían ser escuchadas, que el interés volviera, que la pasión llegara, que
todo lo que fue antes, ¿Porqué no puede volver? Ellos supieron al fin que lo mejor era estar con la persona que a
pesar de no estar siempre juntos, siempre están unidos.

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