La noche abrazaba el miedo que sentía en el solitario lugar de espera que ya tenía acostumbrado para mi, después de las clases de matemáticas el trabajo de mi padre era lo más divertido que quedaba por observar, esas inmensas cuevas oscuras y sin fin, que he llegado a imaginar que todo lo que nos hace falta está allí, creo que por eso buscan tanto algo todos los días.
Los cansados ojos de mi padre buscaban con desesperación mi presencia, es que siempre me encantó jugar a las escondidillas aunque sabía que estaba agotado y solamente quería verme dormir. Mis brazos rodeaban su prominente pierna y me colgaba diciendo cuanto me alegraba estar a su lado, al verme, nuestros pies al compás se movían y a veces cuando no me miraba yo me atrasaba y caminaba sobre sus huellas, me hacían sentir tan pequeño y a la vez tan orgulloso de saber que algún día yo iba a llegar a ser como aquel gigante con manos peludas.
Al poco rato de caminar y reírnos sin parar comenzábamos a inspirar un aroma tan cautivante que de repente sin darnos cuenta nuestro paso se hacia veloz y corríamos al mismo tiempo a abrazar a mamá, siempre recordaré ese olor a flores y almendras que siempre me seguía, que siempre lo sentí mezclado con sus besos que me hacían discutir con papá acerca de qué propiedad era ésta mujer, ella siempre me prefería a mí, cuando eso pasaba mi padre se lanzaba encima dejándome casi sin respirar de las cosquillas y de las tantas risas que me regalaba.
Fui tan feliz escudriñando en la tierra con la esperanza de encontrar algo, jugando a ser como papá, no sé como ni porque de un momento a otro todo se volvió lúgubre en mi hogar, después de años lo pude comprender, pero ya no importaba, mi padre ya no estaba más.
-¡Pablo, tu padre, tu padre!-, fue lo último que escuché decir a mi madre, fue la última vez que mi corazón bailaba y gozaba con ese dulce sonido, después solo habló el doctor que hacía voluntariado en mi pueblo, ya que los demás doctores estaban en las casonas grandes, en los palacios que tienen sirvientes, en los que tenían que pagarle sus honorarios a papá, pero que jamás cumplían lo acordado. En la tarde me vestí de negro imitando a mamá, no sabia el porqué pero creí que debía hacerlo, conocí a gente que decía ser mi familia, pero no se como podía suceder, ¿Porqué cuando alguien ya dejó de existir todos se acercan como si tuvieran miedo de verse así también o como si les guardáramos rencor?, eso hasta hoy no lo puedo entender.
En el momento en que mamá se llevó las manos a la cara para que no la vieran más llorar me escabullí entre todos los cuerpos presentes y por fin pude observar el rostro del hombre que me dio vida, aquella persona que convirtió todas mis lágrimas en brillantes ojos de felicidad. Ahí estaba pálido como mis manos en pleno invierno, callado, sin vida, sin alma, estaba vacío yo lo sentí así, faltaba alguien en el mundo y en el lugar que estuviera se notaría su ausencia, poco a poco llegaron los amigos, los trabajadores de las enormes fosas en las que yo me refugiaba después de clase, a ellos yo los quería, a ellos yo los vi siempre, ellos si eran parte de mi familia, noté de inmediato que venían de allí, por sus ropajes sucios y los ojos marchitos mezclados con polvo y dolor, me abrazaron, me besaron y pude sentir el verdadero afecto de una persona a otra, ya no me sentí solo, estaba con mamá y con parte de mi verdadera familia.
Pasaron días, meses hasta llegar a años que de la boca de mi madre no escapaba ni siquiera un suspiro de recuerdos, fue como si no pensara, como si actuara por inercia solo por verme crecer y partir ella también, eso me alejó de algún día sentir gusto, atracción, entrega por otra persona, no quería sufrir como ella o hacer sufrir a alguien de tan solo pensar que algún día dejaríamos nuestro cuerpo sin nada más que decir, sin nada más que vivir.
Mi mente se contrae al recordar que la promesa que hice al evadir encontrar el amor, o de no verlo no la cumplí, es que se me hizo tan difícil con ella, mi adolescencia estaba llena de revolucionadas hormonas y solo quería escapar y ser nadie. Llegó a mitad de año del último de mi enseñanza media, en esos tiempos mi mente era vaga, ningún futuro se me hacia próximo, ninguna buena vida podía reflejarse ante mis ojos, pero éstos solos eran desviados a tan especial belleza, a sus mejillas prominentes y sus labios que solo sabían sonreír, cuando me sorprendía mirándola mi cabeza daba vueltas y no sabía como reaccionar, mas de un par de veces hice el ridículo tratando de corresponder a su sonrisa, pero algo en mi no funcionaba o no se controlaba y terminaba riéndome como burlándome de ella o quedando inmóvil como un témpano de hielo.
Violeta como olvidarme de ti, no se que hubiera hecho si tu intuición no hubiese sido acertada, supiste de inmediato que quería hablarte y tú lo hiciste primero, meses después pero lo hiciste. Me recuerda a aquellos caramelos que teníamos en común, sus besos en mis mejillas que me dejaban la sensación de que algún día me descubriría que al voltearse yo limpiaba los restos de dulce de mi piel y me los llevaba a la boca, como deseaba que hubieran tocado mis labios y me lanzara esas miradas que solo yo conocía, que solo yo percibía, es que me abrazaban hasta llegar a imaginar como un rayo de luz puede perderse en la oscuridad, todo lo hacía ella, eso y mucho más.
Los años albergaron nuestra relación de amistad, te conocí tan bien, sabía lo que querías incluso antes que lo quisieras, siempre estuviste conmigo cuando recordaba todo lo que no pude decirle a mi padre antes de morir, mis llantos incontrolables los sabías controlar con solo decirme “te quiero” y tomar mis manos frías llenándolas con trozos de cariño, afecto e inmensa generosidad.
He guardado tanto, tanto malo, tanto bueno, colores y oscuridades que solo quieren gritar, creo que desde que era niño y las emociones en mí florecían como las caricias que recibía de la gente, de toda la gente, de pronto se escondieron y ya no quisieron salir, tuve miedo, tengo miedo ya no quiero morir, mi propiedad, mi sangre, mi cuerpo, mi historia aquí está, es toda para ti, esta enfermedad ya no me quiere tener así, recordaré todo siempre, recuérdame tú Violeta eso por la eternidad me hará feliz.
Ahora padre volví a ser niño para ti, llegaré a jugar y a contar mi vida sin ti, la tranquilidad me inunda al saber que hay una segunda oportunidad para estar y tratar de ser como el gigante que me vio por primera vez sonreír.
Violeta, estos párrafos llévalos contigo, estaré para ti siempre. Empuña tu mano con tierra y déjala seguir sobre mí.